Los New England Patriots están de vuelta en el Super Bowl. En un duelo marcado por condiciones climatológicas extremas, el conjunto de Nueva Inglaterra venció a los Denver Broncos en el Campeonato de la AFC y aseguró su boleto al Super Bowl LX, el número 12 en la historia de la franquicia.
El partido se disputó en un Mile High Stadium completamente cubierto de nieve, escenario que condicionó el desarrollo del juego y afectó de manera directa a las ofensivas y, especialmente, a los equipos de pateo. Denver arrancó con intensidad bajo el mando de Jarred Stidham, quien tomó la responsabilidad tras la ausencia de Bo Nix y logró mover el balón en los primeros minutos.
Sin embargo, el punto de quiebre llegó cuando Stidham cometió un error bajo presión que terminó en balón suelto recuperado por la defensiva de New England. A partir de ese momento, los Patriots comenzaron a imponer su estilo: juego físico, defensiva sólida y control del ritmo del partido.
La unidad defensiva comandada por Terrell Williams fue clave durante toda la noche, aprovechando el clima para limitar cualquier intento ofensivo de los Broncos. Conforme avanzaron los minutos, la nieve se convirtió en un aliado para los visitantes, dificultando ejecuciones y decisiones en momentos críticos.
En los minutos finales, con Denver buscando una reacción desesperada, Christian Gonzalez selló el encuentro con una intercepción que silenció el estadio y dejó el triunfo prácticamente asegurado. Posteriormente, una decisión arriesgada pero calculada del staff de New England permitió que Drake Maye consiguiera el primero y diez definitivo, consumiendo el reloj y desatando la celebración visitante.
Al finalizar el encuentro, Maye expresó su orgullo por el equipo, destacando el esfuerzo colectivo y el liderazgo de Mike Vrabel, con quien ha construido una relación sólida desde el primer día. Los Patriots regresan al Super Bowl con una fórmula clara: defensa, disciplina y carácter en los momentos decisivos.